Picando a @carolein121
Iba yo cierta vez al paso lento de mi camello por la Ruta de Bagdad
de vuelta de una excursión a la famosa ciudad de Samarra, a orillas
del Tigres, cuando vi, sentado en una piedra, a un viajero
modestamente vestido que parecía estar descansando de las fatigas
de algún viaje.
Me disponía a dirigir al desconocido el trivial salam de los
caminantes, cuando, con gran sorpresa por mi parte, vi que se
levantaba y decía ceremoniosamente:
-Un millón cuatrocientos veintitrés mil setecientos cuarenta y
cinco…
Se sentó en seguida y quedó en silencio, con la cabeza apoyada en
las manos, como si estuviera absorto en profundas meditaciones.
Me paré a cierta distancia y me quedé observándolo como si se
tratara de un monumento histórico de los tiempos legendarios.
Momentos después, el hombre se levantó de nuevo y, con voz
pausada y clara, cantó otro número igualmente fabuloso:
-Dos millones trescientos veintiún mil ochocientos sesenta y seis…
Y así, varias veces…